Coágulos en el río; presas, historia y patrimonio

Hoy voy con un escrito especial, escrito de mi buen amigo Gaizka Aranguren, especialista en Patrimonio Inmaterial y comunicación ambiental, pescador y periodista, y en el que volvemos a tratar el tema de las presas en los ríos, en el contexto de la presa de Santa Engracia, donde ya hay un informe negativo de Gobierno de Navarra en cuanto a su reparación se refiere.

La competencia para la reparación de esta presa la tiene la CHE (Confederación Hidrográfica del Ebro), pero con este informe se vuelve a mover el tema, ya que el partido político que manda en Pamplona, parece que está convencido de repararla a pesar de este informe… Mientras este culebrón sigue, os dejo con este interesante escrito que aclara muchas cosas:

El valor histórico y patrimonial, material e inmaterial, se ha convertido en el último recurso dialéctico de las personas que, con toda su buena voluntad, defienden el mantenimiento de presas y azudes en el cauce de los ríos ante la evidencia científica sobre las afecciones que generan a la dinámica fluvial y al conjunto de especies animales y vegetales que forman parte de ese ecosistema.

No pretendemos aquí incidir en los aspectos científicos y técnicos que ya han sido expuestos en sucesivos artículos, cartas de opinión, informes y expedientes administrativos relacionados con diferentes casos, entre ellos el de Santa Engracia.

Difícilmente encontraremos hoy un solo texto científico defendiendo la pervivencia de barreras artificiales en desuso al libre discurrir del agua y de los ríos. A eso debemos añadir que las técnicas y técnicos especialistas en la materia, también las de nuestra propia administración foral, han sido taxativas cada vez que se les ha consultado. La última vez, precisamente, informando negativamente sobre la reconstrucción de la presa de Santa Engracia.

Presas, Historia y Patrimonio Material

Los argumentos históricos y patrimoniales en defensa del mantenimiento de las presas en desuso tienden a considerar como valores a preservar, por encima de cualquier otra consideración, la antigüedad de la construcción, el ingenio de nuestros antepasados e incluso la belleza de dichas obras.

No cabe duda de que el agua embalsada por las presas y en parte canalizada posibilitó desde muy antiguo la molienda de grano para la alimentación, el riego, la generación de energía eléctrica y otros usos industriales dependiendo de la época y el lugar. Así, hay quien considera que su conservación íntegra es el mejor reconocimiento a su valor patrimonial.

Sin embargo, esa postura ignora, consciente o inconscientemente, no solo la afección que cada una de esas presas tiene para el río y sus habitantes, sino que, históricamente, las presas se han ido construyendo una detrás de otra sin que la falta de uso llevase a derruir ninguna de ellas, con lo que los obstáculos se han acumulado multiplicando la afección con el paso del tiempo.

El valor histórico y patrimonial de una obra humana que sabemos a ciencia cierta genera un impacto ambiental de estas proporciones debe ser cuestionado en profundidad. Quizás haya casos en los que dicho valor sea de una enjundia tal que merezca la pena conservar una pequeña parte de la obra allí donde menos afecte al discurrir del agua y más pueda visualizarse por las personas, con el tratamiento comunicativo y la señalética correspondiente; pero tratar de mantener la integridad de la obra significa que con esa línea se argumenta que las primeras carreteras merecerán en su día un tratamiento similar; algo que, seguramente, se nos antoja menos atractivo, pero que responderá al mismo criterio de conservación de una afección al medio natural por su supuesto valor histórico y/o patrimonial.

Cada caso merecerá su correspondiente análisis, pero hemos de tener siempre en consideración que con los azudes y presas estamos poniendo en competencia un discutible patrimonio histórico y material con un entorno natural que, dependiendo de su ubicación, tendrá un mayor o menor, pero indiscutible valor ambiental.

Puente de Oblatas y puente de Santa Engracia (28-2-2018)

Presas y Patrimonio Inmaterial

Quien suscribe es muy consciente de la importancia que tienen los espacios generados por las presas para las vecinas y vecinos ribereños. Cualquier caída de agua genera en el ser humano sensación de placer y el agua embalsada en la parte superior o inferior de las presas se convierte en verano en lugar lúdico ideal, en zona de disfrute. Las presas cercanas a las poblaciones son sinónimo de vacaciones, de juego, de risas; son el lugar en el que aprendimos a nadar, donde nos refrescamos y donde compartimos espacio y tiempo con la familia, con las amigas y vecinas.

Hay presas que, junto con su entorno, han adquirido carácter de lugar identitario. Se han llegado a convertir en la foto por antonomasia de la localidad. El lugar más visitado por los foráneos. Icono del municipio.

Quienes hemos vivido esas sensaciones en torno a las presas somos conscientes de la importancia que tienen en nuestro imaginario.

Sin embargo, mientras disfrutábamos del agua en la poza de la presa o destrozábamos el bañador al hacer resbalar nuestro culo por su puerto, nunca fuimos conscientes de hasta qué punto aquello condicionaba la vida del río y sus habitantes; la vida de los peces, de animales y plantas que precisan de un ecosistema saludable para vivir, no para pasar un buen rato. Mientras aprendíamos a nadar o saltábamos de cabeza al agua jamás pensamos en que las truchas no podían superar aquel obstáculo para buscar los mejores frezaderos. Nunca se nos ocurrió que la presa condicionaba la vida de madrillas, chipas y barbos, que impedía el trasiego de sedimentos de todo tipo o que facilitaba el calentamiento del agua al ralentizar su discurrir. No sabíamos que el río es un ser vivo complejo cuya dinámica natural se ve interrumpida por los obstáculos al libre fluir del agua.

Madrilla en el Arga; Xabier Egúrcegui

No éramos conscientes, por desconocimiento, del daño que le hacíamos al río. Ahora lo somos. O deberíamos serlo. Y desde esa consciencia, con todos los elementos de juicio, hemos de volver a analizar y revisar nuestra consideración sobre las presas como lugares de la alegría y de la identidad. Son algo más turbio que eso.

Permítaseme la metáfora ¿Algún médico ha tildado de “estético” un coágulo en una arteria? ¿Alguien desea preservar un coágulo en la femoral por el tiempo que lleva allí, por su carácter histórico?

Coágulos en las venas

“Los ríos son como las venas de nuestro cuerpo, como las ramas del árbol…” Son palabras de Javier Fabo, marcillés sensibilizado con la calidad ambiental de su vecino, el río Aragón. Y es que eso son precisamente los ríos. Su importancia para el medio natural es similar a la de las venas que recorren nuestro cuerpo. Transportan elementos esenciales para la vida y son vida en sí mismos.

Esa misma metáfora nos indica que una presa, un azud, un obstáculo que no permite que el agua, los peces y los sedimentos corran no es sino un coágulo en esa vena de la vida.

Ya hemos apuntado que las presas posibilitaron en su día el desarrollo humano con los usos que se les dio. Lo que no tiene sentido es que las mantengamos, una vez abandonadas, con argumentos históricos, patrimoniales, estéticos o lúdico-identitarios poco razonados y nada contrapesados con las afecciones que generan.

Hoy sabemos también que las escalas para peces, en el caso de que se mantengan convenientemente y de que la propia dinámica del río no las haga inservibles, suponen un petacho caro, provisional y parcial a la migración piscícola. Mejor que nada, desde luego, pero un petacho.

Cuantos más coágulos le quitemos al río mejor circulación tendrá y más sano estará.

La corriente mundial

El movimiento internacional en favor de la demolición de presas está en auge a nivel mundial. Conservacionistas, pescadores, defensoras de la biodiversidad y de la calidad ambiental de los ríos se vienen organizando en todo el mundo para crear un frente común en favor de aumentar la permeabilidad de los cursos fluviales mediante el derribo de las presas en desuso.

Garza en el hueco que la presa de Santa Engracia ha dejado (5-7-2018)

La comunidad internacional y la Unión Europea en particular siguen redactando normas y recomendaciones promoviendo recuperar la continuidad longitudinal de los ríos. Es hacia donde se mueve la legislación ambiental como consecuencia de los avances científicos que han permitido hacer ver el resultado de la inacción con las presas y azudes abandonados.

En este sentido, quien califica de “fanáticas” a las personas y organizaciones que expresan su opinión sobre la fragmentación de los ríos en el mismo sentido que la Directiva Marco del Agua europea está tildando de fanática la política europea al respecto.

Movimientos internacionales como #FishMigration (a favor de recuperar la migración piscícola) y #DamRemoval (a favor de la demolición de presas) son corrientes de opinión y presión surgidas precisamente de la toma de conciencia de buena parte de la población mundial ante la necesidad de llevar a la práctica lo que la ciencia y el sentido común han demostrado: un río sin presas es más sano y natural que uno fragmentado.

Santa Engracia

La presa de Santa Engracia se ha convertido en símbolo de este debate en nuestro entorno cercano. Una presa que data, muy probablemente, del siglo XIII y que, con toda seguridad, tuvo un muy importante papel en la Pamplona de entonces y en la de los siglos posteriores.

Rotura de la presa (22-3-2018)

A cualquiera que haya bajado, mirado y tocado el corazón de la presa después de que el río Arga le abriese una grieta en el invierno de 2018, no le cabe duda de su larga historia. A cualquier pamplonés o pamplonesa le remueve el interior tocar unos clavos con los que quizás un antepasado suyo unió aquellas maderas para construir la presa hace 800 años y posibilitarse una mejor vida. Ese gusanillo mira a la cara de una certeza: la desaparición de ese obstáculo hoy es la mejor aportación a una mejor vida en la ciudad. Mejor vida para las personas, para los peces, para los animales y las plantas; es decir, para toda hija de vecina del Arga.

Es evidente que el Arga a su paso por Pamplona no tiene hoy el mismo valor ambiental que en su cabecera, en los montes Alduides. Lo hemos canalizado y hemos ocupado su territorio; pero dejar que recupere, en la medida de lo posible, su forma natural en el ámbito urbano tiene un valor ambiental muy especial.

Como pescador y amante de los ríos en general, quien suscribe no puede por menos que echarse las manos a la cabeza al leer a algunos pescadores con responsabilidad en estructuras representativas hablar de las “bondades” de una presa para la práctica de la pesca ¿Cómo es posible que un pescador piense en la adecuación del entorno natural a su comodidad en lugar de amoldarse él a las condiciones ambientales? ¿Qué tipo de pescador piensa que un coágulo en el río es una zona de refugio para los peces en lugar de un obstáculo para su migración natural?

Desde que expiró su concesión para uso industrial y hasta que el propio Arga se volvió a hacer paso abriéndole una grieta, las aguas embalsadas por la presa de Santa Engracia han tenido uso lúdico y deportivo por parte del Club Náutico de Navarra. Sus integrantes han practicado su deporte favorito en ese tramo del río hasta 2018. Ahora no pueden porque las aguas corren libres y de forma natural por Santa Engracia. Nos corresponde a todas las contribuyentes pamplonesas, mediante nuestras legítimas representantes municipales, determinar como debemos ayudar al Club Náutico de Navarra a buscar una alternativa para seguir practicando el remo. Una solución que jamás puede pasar por reconstruir la herida al río, que se ha liberado a sí mismo tras 800 años de servicios a sus vecinas y vecinos.

Acerca de Danieltxo

Pamplona, Navarra (1984); dgarciamina@gmail.com
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2 respuestas a Coágulos en el río; presas, historia y patrimonio

  1. Joserra dijo:

    Totalmente de acuerdo. Se quitó la de la foz de Lumbier y es ahora cuando bajan las canoas. Debe de haber como unas 70 represas en Navarra. Pronto el de Yesa va a ser aún mayor.

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