Apuntes sobre flora; las plantas trepadoras

Gracias a Xabi Egúrcegui por su sabiduría sobre plantas, seguimos con un poco de flora, y es que en la naturaleza, hay una realidad que es irrefutable. Las plantas buscan ver el sol para así poder atrapar la luz y desarrollarse.

Cuando todo está despejado, vivir a ras de suelo es suficiente, ya que el sol pega directamente. Sin embargo, siempre hay una planta que crece un poco más que las demás, y con una mínima altura puede tapar a las que no lo crecen tanto. Además, enseguida vienen otras de tallos leñosos que reclaman su espacio con la intención de quedarse y que alcanzan buenas dimensiones.

Primero son pequeños matos y arbustos, pero por detrás llegan arbustos de mayor porte, hasta que se instalan los árboles. Este es el proceso por el cual, en nuestra región, se transforma un terreno abierto en un prado y este, se “cierra” poco a poco con arbustos y matorrales hasta convertirse en un bosque. A este proceso, que a veces tarda siglos en culminarse, se llama “serie de vegetación”.

Zona boscosa cercana a Jaca (13-10-2015)

En esta evolución, las pequeñas plantas están condenadas a vivir a la sombra o a desaparecer de la zona; pero… ¿Y si alguien hace “trampas”?

La situación es la siguiente… Somos “pequeñ@s” y necesitamos luz… ¿Qué hacemos? Pues vamos a subir hasta ella. Si Mahoma no va a la montaña, la montaña irá a Mahoma…

¿Y cómo lo conseguimos? Vamos con unos ejemplos de 4 plantas fantásticas que nos mostrarán como hacerlo, pareciendo que tienen superpoderes.

Primera estrategia, esperar a que llegue el autobús; Clematis vitalva. El superpoder de la clemátide, es la paciencia. Los árboles y arbustos no surgen de la noche a la mañana. En un proceso lento, van desarrollándose a su velocidad, y aquí la cualidad de esta trepadora, entre arribista y polizona. Su objetivo es encontrar una planta que ascienda y subiéndose a sus ramas, entrelazarse a ellas y acompañarla en su crecimiento.

Clematis vitalba; Xabier Egúrcegui

Desde el suelo, se identifica por sus tallos curvos que cuelgan desde las alturas. A veces son tan gruesos que parecen árboles pequeños. Las hojas son compuestas, es decir, cada hoja individual parece formada por otras más pequeñas. Podemos verlas en setos, no desdeña nada, y sus flores blanquecinas se muestran a finales de la primavera, para mostrar sus frutos que maduran a partir de finales del verano. Tienen forma de “mora” roja y cada fruto termina en un cabo que al final, se deshilacha en una estructura algodonosa que le facilita ser transportada por el viento.

Tiene muchísimos nombres en castellano, en Navarra ligarza, y aunque tradicionalmente se han usado sus tallos huecos para “fumarlos” a modo de cigarrillos cuando el acceso al tabaco era complicado, es una planta tóxica, que puede irritar la piel.

Algunas variedades, son cultivadas y se usan en jardinería.

Maraña de hojas de Clematis; Xabier Egúrcegui

Segunda estrategia, subirse por las paredes; Hedera helix. Para reírse del poder arácnido. Nuestra amiga la hiedra, tiende a ser tapizante, y desde el suelo de los robledales, que llega a cubrir ampliamente, parte para subirse por todo lo que le echen. De sus tallos leñosos surgen raicillas que se sujetan a casi cualquier superficie, como rocas, paredes, taludes y en nuestro caso, corteza de los árboles. Es llamativo que forma dos tipos de hojas distintos, mientras crece en su ascensión, y luego al separarse de su soporte. Las primeras son recortadas y de contornos afilados, las segundas tienden a ser redondeadas. Florece a mediados del otoño y proporciona néctar a muchos insectos en una época de escasa floración. Su madera porosa y blanda, apenas se hincha con la humedad, por lo que se ha usado para realizar piezas de precisión. También tiene variantes de jardinería, algunas de las cuales se usan en jardines verticales o en construcciones bioclimáticas como aislamiento térmico.

Hiedra; Xabier Egúrcegui

Tercera estrategia, abrazarse fuerte; Tamus communis. La nueza negra, es un poco “liante” y necesita rodear y envolver a otros para su carrera ascendente. Crecen hasta media altura, contoneando la punta del tallo sobre los objetos y vegetación circundante.  En su “personalidad” también se encuentran los gustos estéticos, ya que decora el bosque en otoño con sus frutos, unas llamativas bolitas rojas, que cuelgan de la vegetación sobre sus tallos secos y quebrados. No os dejéis engañar por sus apariencias, es una planta muy tóxica para las personas. Sus flores son primaverales, pequeñas de un color entre verdoso-morado no demasiado llamativo. Sus hojas son de un verde brillante y forma acorazonada. A pesar de que parece que muere en invierno, posee unos tubérculos de los que se renovará en la próxima primavera.

Frutos de Tamus en invierno; Xabier Egúrcegui

Cuarta estrategia, dame la mano, que te cojo el brazo; Bryonia dioica. La nueza, es otra planta trepadora que vive con nosotros. Su “modus operandi” es ingenioso: transforma parte de sus hojas en unas estructuras con forma de hilos que se envuelven en las ramas, hojas, tallos… en todo aquello que esté a su alcance para elevarse por encima de su nivel llegando a crecer hasta una media altura. Sus frutos son también rojizos, con las hojas recortadas y de lóbulos puntiagudos. Sus flores son muy discretas de un verde suave. Como la anterior, también pasa el invierno en forma de tubérculo enterrado en la tierra. Así mismo, es una planta muy tóxica, aunque tiene “primas” muy conocidas en nuestra cocina; calabaza, melón, pepino, calabacín, sandía…

Nueza; Xabier Egúrcegui

Una vez presentadas, la pregunta es inminente, ¿Dónde podemos encontrarlas? En general, son especies amantes de la luz y de los suelos húmedos. Por ello son frecuentes en los bosques y zonas de matorral alto. ¿Os acordáis cuando hablábamos en la entrega sobre el bosque galería?, pues bien, estas son algunas de las responsables de su aspecto “impenetrable”, y es que, a pesar de sus potenciales, si ellas mismas os hablaran, os contarían aquellas famosas palabras que dijo un gran científico “solo somos plantas humildes que nos subimos a hombros de gigantes”.

Acerca de Danieltxo

Pamplona, Navarra (1984); dgarciamina@gmail.com
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