Para txikis XXXX; escribano cerillo, pato mandarín y pechiazul

Y otro mes más, aquí vamos de nuevo con pajarillos que muy de vez en cuando se pueden ver por nuestros lares… En esta ocasión voy con dos pequeños y uno más grande, que son bastante fáciles de identificar… Espero que con esto los txikis sigan aprendiendo… A disfrutar!!!!!

Escribano cerillo; Berdantza hori (Emberiza citrinella):

Descripción: Pajarico de tamaño muy similar al gorrión, con colores amarillos, con pecho listado de marrón, y dorso pardo. Posee alguna pequeña marca oscura en la cara, pero su aspecto general es de un ave muy amarilla.

Alimentación: Se basa principalmente en semillas, para lo que tiene muy adaptado el pico.

Hábitat: Elige zonas de pastizal con pequeños bosquetes, zonas de seto y matorral, zonas adehesadas, y zonas que tengas arbustos.

Época del año y zona de Pamplona para verla: Se trata de un ave muy escasa en la ciudad, pero que se puede ver en zonas abiertas, cantando desde matorrales, en lugares como la falda del monte Ezkaba sobre todo en invierno.

Escribano cerillo – Berdantza hori

Pato mandarín; Mandarin ahate (Aix galericulata):

Descripción: Se trata de un pato muy vistoso. El macho, de pico rojo, mezcla colores; pardos y marrones, con zonas negras con rayas blancas, y zonas azuladas. Además, posee una especie de aleta naranja en las alas hacia arriba, y una “barba” amarronada, que contrasta con blancos y verdes en la cabeza. La hembra es más discreta, y con menor cresta, mezcla colores grises y blancos. Son inconfundibles.

Alimentación: Se alimenta lo mismo de insectos, que de frutos y semillas.

Hábitat: Es un ave totalmente acuática, que vive en lagos y grandes humedades donde haya vegetación en la orilla en la que esconderse.

Época del año y zona de Pamplona para verla: Originario de Asia, es un pato que vive de forma doméstica en colecciones privadas, zoos, granjas y demás, y que en muchas ocasiones se escapa y se puede ver nadando junto a ánades reales en el río.

Pato mandarín – Mandarin ahate

Pechiazul; Paparurdin (Luscinia svecica):

Descripción: Es un pajarillo de aspecto rechoncho, con pico fino y que tiene las partes bajas claras y el dorso y la cabeza pardo grisáceos. Tiene una marcada ceja clara en el ojo, y posee una especie de collar ancho azul desde el pico, terminado en una pequeña franja negra y otra marrón más ancha. Las hembras son muy similares, pero de colores más discretos.

Alimentación: Aunque puede comer semillas y frutos, su alimentación se basa principalmente en insectos.

Hábitat: Se trata de un ave que cría en pastizales y brezales de alta montaña, pero muy relacionado también con zonas de humedales y grandes lagunas, sobre todo en los pasos migratorios.

Época del año y zona de Pamplona para verla: Se trata de un ave muy rara en Pamplona, pero que en sus viajes migratorios para en zonas húmedas, por lo que se puede localizar en las orillas del río Arga o en pequeñas balsas donde haya vegetación, como por ejemplo Aranzadi.

Ruiseñor pechiazul – Paparurdin

Y como siempre, ahí van en los dibujos en blanco y negro, para que sigáis aprendiendo y pintando a vuestro gusto… Espero que os guste!!!

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Revista EZKABA (Noviembre 2019) Mamíferos II; ERIZO COMÚN

A VISTA DE PÁJAROS

Tras la rata de agua del mes pasado, volvemos con otro pequeño mamífero que habita nuestro barrio y que es muy complicado de ver. Es nocturno, y eso hace que no sea nada fácil dar con él. Además, el pobre es una de las victimas más habituales de las carreteras, donde mueren atropellados al intentar cruzar; se trata del simpático y singular erizo.

MAMÍFEROS II

Erizo común; Triku arrunta (Erinaceus europaeus): El erizo europeo, se trata de un animal regordete, bastante redondeado de entre 20 y 30 centímetros, y que puede llegar a pesar algo más de un kilo, siendo más voluminosos y pesados los machos que las hembras.

Como bien es conocido, está recubierto casi totalmente de pequeñas y finas púas. Es de colores grises y pardos, de orejas pequeñas, y con un hocico alargado acabado en punta, con el que busca insectos.

Erizo caminando entre la hojarasca (4-12-2017)

A modo de curiosidad, decir que los erizos tienen unas 6000 púas, que renuevan aproximadamente cada año y medio y miden entre dos y tres centímetros. Estas púas, son pelos huecos llenos de aire y construidas de queratina, sustancia que le dan rigidez, y son usadas a modo de defensa, haciéndose el animal una bola impenetrable cuando se siente asustado, amenazado o incomodado.

Se trata de un animal bastante solitario y territorial (con machos que pueden llegar a ser muy agresivos), y principalmente nocturno (aunque le gusta la humedad y en días lluviosos se puede encontrar también), lo que dificulta su observación y da merito a ello.

Se mueve por espacios abiertos y muchas veces es de rutas fijas. No teme a salir a zonas abiertas, y en muchas ocasiones cruza las carreteras, donde mueren desgraciadamente por atropellos como ya se ha dicho con anterioridad. El resto del día, lo pasa o entre hojarasca, matorrales, o una especie de madriguera que el mismo escarba, donde puede pasar muchas horas seguidas durmiendo, e incluso donde se le puede escuchar “roncar”, ya que tiene un respirar muy fuerte, tanto dormido, como despierto…

De hecho, se trata de un animal de zonas arbustivas con zonas de pastos o zonas de cultivos abiertos… y muchas veces frecuenta zonas de jardines y huertas, como es el caso de los animales que tenemos en Pamplona.

Erizo caminando (23-8-2017)

Se trata de un animal omnívoro, y se alimenta tanto de frutos y bayas, como de insectos, pequeñas lagartijas, lombrices, gusanos, ranas, huevos de aves, pequeños roedores… Su dieta es muy variada, dependiendo del hábitat y de la disponibilidad de alimento.

Habitando toda la Península Ibérica, y presente en toda Navarra, en Pamplona y nuestro barrio se encuentra en las zonas de huertas, orillas del río y zonas abiertas, como son las proximidades de las universidades y sus jardines, y la zona de Nuevo Artica, Ronda Norte y Aranzadi.

Para leer la revista completa: https://issuu.com/ezkabarotxapea/docs/2019-11

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Apuntes sobre flora; las plantas trepadoras

Gracias a Xabi Egúrcegui por su sabiduría sobre plantas, seguimos con un poco de flora, y es que en la naturaleza, hay una realidad que es irrefutable. Las plantas buscan ver el sol para así poder atrapar la luz y desarrollarse.

Cuando todo está despejado, vivir a ras de suelo es suficiente, ya que el sol pega directamente. Sin embargo, siempre hay una planta que crece un poco más que las demás, y con una mínima altura puede tapar a las que no lo crecen tanto. Además, enseguida vienen otras de tallos leñosos que reclaman su espacio con la intención de quedarse y que alcanzan buenas dimensiones.

Primero son pequeños matos y arbustos, pero por detrás llegan arbustos de mayor porte, hasta que se instalan los árboles. Este es el proceso por el cual, en nuestra región, se transforma un terreno abierto en un prado y este, se “cierra” poco a poco con arbustos y matorrales hasta convertirse en un bosque. A este proceso, que a veces tarda siglos en culminarse, se llama “serie de vegetación”.

Zona boscosa cercana a Jaca (13-10-2015)

En esta evolución, las pequeñas plantas están condenadas a vivir a la sombra o a desaparecer de la zona; pero… ¿Y si alguien hace “trampas”?

La situación es la siguiente… Somos “pequeñ@s” y necesitamos luz… ¿Qué hacemos? Pues vamos a subir hasta ella. Si Mahoma no va a la montaña, la montaña irá a Mahoma…

¿Y cómo lo conseguimos? Vamos con unos ejemplos de 4 plantas fantásticas que nos mostrarán como hacerlo, pareciendo que tienen superpoderes.

Primera estrategia, esperar a que llegue el autobús; Clematis vitalva. El superpoder de la clemátide, es la paciencia. Los árboles y arbustos no surgen de la noche a la mañana. En un proceso lento, van desarrollándose a su velocidad, y aquí la cualidad de esta trepadora, entre arribista y polizona. Su objetivo es encontrar una planta que ascienda y subiéndose a sus ramas, entrelazarse a ellas y acompañarla en su crecimiento.

Clematis vitalba; Xabier Egúrcegui

Desde el suelo, se identifica por sus tallos curvos que cuelgan desde las alturas. A veces son tan gruesos que parecen árboles pequeños. Las hojas son compuestas, es decir, cada hoja individual parece formada por otras más pequeñas. Podemos verlas en setos, no desdeña nada, y sus flores blanquecinas se muestran a finales de la primavera, para mostrar sus frutos que maduran a partir de finales del verano. Tienen forma de “mora” roja y cada fruto termina en un cabo que al final, se deshilacha en una estructura algodonosa que le facilita ser transportada por el viento.

Tiene muchísimos nombres en castellano, en Navarra ligarza, y aunque tradicionalmente se han usado sus tallos huecos para “fumarlos” a modo de cigarrillos cuando el acceso al tabaco era complicado, es una planta tóxica, que puede irritar la piel.

Algunas variedades, son cultivadas y se usan en jardinería.

Maraña de hojas de Clematis; Xabier Egúrcegui

Segunda estrategia, subirse por las paredes; Hedera helix. Para reírse del poder arácnido. Nuestra amiga la hiedra, tiende a ser tapizante, y desde el suelo de los robledales, que llega a cubrir ampliamente, parte para subirse por todo lo que le echen. De sus tallos leñosos surgen raicillas que se sujetan a casi cualquier superficie, como rocas, paredes, taludes y en nuestro caso, corteza de los árboles. Es llamativo que forma dos tipos de hojas distintos, mientras crece en su ascensión, y luego al separarse de su soporte. Las primeras son recortadas y de contornos afilados, las segundas tienden a ser redondeadas. Florece a mediados del otoño y proporciona néctar a muchos insectos en una época de escasa floración. Su madera porosa y blanda, apenas se hincha con la humedad, por lo que se ha usado para realizar piezas de precisión. También tiene variantes de jardinería, algunas de las cuales se usan en jardines verticales o en construcciones bioclimáticas como aislamiento térmico.

Hiedra; Xabier Egúrcegui

Tercera estrategia, abrazarse fuerte; Tamus communis. La nueza negra, es un poco “liante” y necesita rodear y envolver a otros para su carrera ascendente. Crecen hasta media altura, contoneando la punta del tallo sobre los objetos y vegetación circundante.  En su “personalidad” también se encuentran los gustos estéticos, ya que decora el bosque en otoño con sus frutos, unas llamativas bolitas rojas, que cuelgan de la vegetación sobre sus tallos secos y quebrados. No os dejéis engañar por sus apariencias, es una planta muy tóxica para las personas. Sus flores son primaverales, pequeñas de un color entre verdoso-morado no demasiado llamativo. Sus hojas son de un verde brillante y forma acorazonada. A pesar de que parece que muere en invierno, posee unos tubérculos de los que se renovará en la próxima primavera.

Frutos de Tamus en invierno; Xabier Egúrcegui

Cuarta estrategia, dame la mano, que te cojo el brazo; Bryonia dioica. La nueza, es otra planta trepadora que vive con nosotros. Su “modus operandi” es ingenioso: transforma parte de sus hojas en unas estructuras con forma de hilos que se envuelven en las ramas, hojas, tallos… en todo aquello que esté a su alcance para elevarse por encima de su nivel llegando a crecer hasta una media altura. Sus frutos son también rojizos, con las hojas recortadas y de lóbulos puntiagudos. Sus flores son muy discretas de un verde suave. Como la anterior, también pasa el invierno en forma de tubérculo enterrado en la tierra. Así mismo, es una planta muy tóxica, aunque tiene “primas” muy conocidas en nuestra cocina; calabaza, melón, pepino, calabacín, sandía…

Nueza; Xabier Egúrcegui

Una vez presentadas, la pregunta es inminente, ¿Dónde podemos encontrarlas? En general, son especies amantes de la luz y de los suelos húmedos. Por ello son frecuentes en los bosques y zonas de matorral alto. ¿Os acordáis cuando hablábamos en la entrega sobre el bosque galería?, pues bien, estas son algunas de las responsables de su aspecto “impenetrable”, y es que, a pesar de sus potenciales, si ellas mismas os hablaran, os contarían aquellas famosas palabras que dijo un gran científico “solo somos plantas humildes que nos subimos a hombros de gigantes”.

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De nuevo, con nuestro gato ibérico más especial… se acerca el celo!!!!!

Ya ha llegado el otoño, y poco a poco se acerca de nuevo el invierno. Con ello, en unas semanas vendrá la época de celo del lince ibérico, y por ello voy con la crónica del viaje del invierno pasado en su búsqueda, y un poco de información sobre este precioso animal, para que los que estéis pensando en ir a verlo, tengáis una pequeña idea de sus costumbres, y de que se puede ver por allí.

El lince es un tipo de gato salvaje, de tamaño mediano, y extendido por todo el mundo en forma de 4 especies diferentes, el lince canadiense, el rojo, el boreal (o euroasiático) y el ibérico, protagonista de esta entrada… A continuación, unas láminas de los 4 para que sepamos diferenciarlos de una forma rápida y así estar un poco más centrados con el que nos toca… El lince ibérico.

Lince canadiense; lámina del zoo de Córdoba

Lince rojo; lámina del zoo de Córdoba

Lince boreal; lámina del zoo de Córdoba

Lince ibérico; lámina del zoo de Córdoba

Para disfrutar de este elegante gato, mi viaje se centró en visitar el Parque Natural de la Sierra de Andújar y alrededores (del 7 al 15-1-2019), donde se dan unas de las mayores densidades de lince ibérico del mundo y donde por ello es una de las mejores zonas para observarlo. Además ya son varios los viajes que he realizado por allí, por lo que conozco ya los mejores sitios del lugar, lugar con alto porcentaje de fincas privadas, y en el que solo podemos circular y caminar por algunas pistas y senderos, todos bien balizados y señalizados.

Zona de dehesa, hábitat típico del lugar (15-1-2019)

Para aprender un poco sobre la zona, el Parque, declarado en junio de 1989, está situado al noroeste de la provincia de Jaén y cuenta con una extensión cercana a las 75000 hectáreas, siendo una muestra del paisaje típico de sierra Morena, donde se mezclan zonas de pinares, bosques de ribera con grandes ríos, bosques mediterráneos, dehesas, y zonas de matorral. En él, se mezcla fauna vacuna, tanto de vacas como de toros, con una variado listado de fauna salvaje, tanto de plumas, como de pelo.

Toro comiendo (12-1-2019)

En lo que se refiere a flora (a pesar de que hay pinares sobre todo de pino piñonero que vienen de repoblación), la mayor parte consiste en dehesas formadas por encinas, quejigos y alcornoques, que en muchas zonas ven ocupados el suelo por matorrales (jaras, lentiscos, acebuches, coscojas y madroños sobre todo junto a otras de menor tamaño como el romero o el tomillo), que en ocasiones tapizan la totalidad de la zona. Por otro lado, al ser muy importante la presencia de seis ríos de caudal intermitente, entre los que destaca el Jándula, que tiene dos presas en el Parque y es de mayor tamaño, hace que en las orillas de estas zonas haya vegetación típica de ribera, como alisos, fresnos o sauces.

Y tras esta pequeña explicación del lugar visitado, vamos un poco con las observaciones, que la verdad, se dieron muy bien, como suele ser habitual en Andújar.

La zona a la que yo voy es una pista larga, llena de curvas en zona abiertas en unos lados, y en zonas más cerradas de vegetación en otros, por lo que depende donde estén los animales, puedes observarlos o no… Y aunque aquí veáis buena cantidad de fotos, no penséis que es fácil. Es cuestión de paciencia, de suerte, de buen ojo, de atención, y de no rendirse nunca… Una combinación que los “bicheros” tenemos que llevar en la mochila si queremos tener buenas observaciones, y que en Andújar se cumple a la perfección, ya que a base de horas, aunque pueda parecer muy difícil, al final el lince se acaba viendo.

Y eso es lo que pasó durante mi primer día allí… Llegué cerca del mediodía, y durante toda la tarde pude disfrutar de una pareja en la ladera de enfrente, muy lejana, pero que con telescopio se veía bastante bien…

Pareja caminando muy lejana, con el macho siguiendo a la hembra (7-1-2019)

Allí estuvieron buen rato, con el macho tras la hembra, y con varias cópulas, en una observación que duró varias horas, por lo que el viaje comenzaba muy pero que muy bien…

Bichos lejanos, pero durante mucho tiempo, que con prismáticos y telescopio, a pesar de que se movían bastante entre arbustos y piedras se podían seguir con cierta facilidad… Y cayó la noche y en aquella zona se quedaron, en pleno celo, juntos y despidiendo un buen día. El viaje comenzaba realmente bien.

A contra luz en la ladera (7-1-2019)

Es importante empezar así para ganar en ilusión y tener un buen aliciente, ya que los días allí son largos, y a veces fríos. A mí me sonrió el tiempo, y la verdad que amanecía ya con cierta temperatura y durante el día el sol pegaba de forma interesante… Ni un día me tuve que poner abrigo ni forro polar, y la mayoría de días daba uso a las pantalonetas que llevaba… Claro, también es cierto, que soy del norte… Jejejejeje.

Y de esta forma, durante el día siguiente volvíamos a tener suerte… A primera hora de la mañana, poco después de amanecer, un lince bajaba entre matorrales de la ladera donde el día anterior habíamos visto a la pareja. Se perdió enseguida por la vegetación, pero sobre el mediodía apareció otro gato (no sé si el mismo), en una carroña que había en el fondo del valle.

Lince joven merodeando la carroña (8-1-2019)

Allí estuvo durante prácticamente toda la tarde… Se tumbaba, andaba merodeando el cadáver (que parecía un ciervo), se acercaba y comía algo, se escondía entre la vegetación…

Parecía un ejemplar jovencito, nada corpulento y con barba bastante corta, que aunque lejano hizo disfrutar a los allí presentes, ya que hasta que se fue, ya prácticamente cayendo la tarde, no se alejó de la carroña en ningún momento.

Un lujo de nuevo disfrutar de una observación así, observación con la que terminaba el día y que acababa con los cantos del cárabo y mochuelo cuando ya la noche era cerrada…

Dos días y los dos con éxito. Buenas observaciones y largas, y como no suele haber dos sin tres, el tercer día por allí tampoco defraudó…

Y eso que comenzó “raro”, ya que en el fondo de valle se oía ladrar un perro y movilizaba a los ciervos y gamos sin parar, que corrían de lado a lado, por lo que la presencia del cánido, podía dificultar la observación de lince, que seguramente estuviera atento a los ladridos del animal y peligro que podía representar…

A pesar de ello, cerca de las 10 de la mañana se observó un ejemplar en la ladera en la que se habían visto en los días anteriores. Fue una larga observación, lejana pero larga, ya que hasta el mediodía anduvo por allí…

Caminando entre la vegetación (9-1-2019)

Caminaba, se paraba, se lamía, se metía entre arbustos, se sentaba, se acicalaba el pelaje, se tumbaba… Un no parar. Un gato en toda su plenitud, con el típico comportamiento gatuno, caminando poco a poco y pasando muy cerca de un grupo de cabras montesas que descansaban en las rocas al sol…

Parece por ello que a las cabras no les supone un peligro nuestro gran lince ibérico.

Las cabras soleándose en los bloques de rocas (9-1-2019)

Pero todo no acababa aquí… Tras perder a este gato entre la vegetación, me dediqué a “pistear” junto a Óscar, compañero navarro, para conocer otras zonas y ver que podíamos observar… Durante el camino buena variedad de aves y los mamíferos habituales, de los que luego haré especial mención, pero al volver de nuevo al valle, una hembra con su cachorro, ya de buen tamaño, subían ladera arriba y nos regalaron unos muy buenos minutos…

La observación más cercana por el momento, que nos ponía los pelos de punta, ya que podíamos ver a los dos ejemplares a la perfección, viendo cada detalle de su cuerpo.

Lince caminando entre los altos matorrales del lugar (9-1-2019)

Como ya habéis podido ver en las fotos (y seguramente conoceréis), el lince ibérico se trata de un gato grande. Con longitud de hasta un metro, altura en cruz de 50-70 centímetros y pesos de hasta 20 kilos en los machos más grandes (las hembras son algo menores que los machos), tiene aspecto de animal robusto y fuerte con cabeza pequeña.

Su cuerpo es de color pardo amarillento, más claro y blanquecino por el vientre, y está moteado por completo con puntos negros, lo que hace que se camufle a la perfección y que si está acurrucado sea complicado de ver (igualmente difícil de localizar en zonas pedregosas o de colores pardos). A modo de curiosidad, decir que en la zona de Doñana, las motas del pelaje son en general más grandes y más contrastadas que en otros territorios.

Su cola es corta (de unos 12 centímetros y acaba en punta negra también), pero lo más característico del animal, es su cabeza. Con unos impresionantes ojos de color claro, tiene dos características muy especiales. Por un lado, sus orejas (con un oído muy agudo que le hace capaz de escuchar cualquier sonido) acaban en una serie de penachos negros muy finos y rígidos, que al parecer sirven para descomponer su silueta en el entorno, de forma que pueden servirle para mimetizarse mejor, y por otro, dispone en los laterales del rostro de una especie de barba o patillas muy largas que le cuelgan a ambos lados de la cabeza, y que se desarrollan y crecen sobre todo a partir del año de vida. A modo de curiosidad, de su mirada, saber que lince en griego, significa “ojos brillantes”.

Algo impresionante también es el tamaño de sus garras (son grandísimas), ya que además del tamaño, el tenerlas almohadilladas hace que se mueva con sutileza y sin hacer sonidos, algo muy necesario para cazar, ya que su alimentación se basa en lo que el mismo captura, tras buenos acechos y buenos saltos, ya que es un animal que aunque parezca muy tranquilo e incluso “vago”, tiene una gran potencia, elasticidad y rapidez.

Caminando entre soles y sombras (9-1-2019)

De esta forma, la pareja de gatos descansaba y caminaba a ratos, tumbándose a la sombra para evitar el calor que reinaba, y siguiendo en todo momento el joven a la madre, con la intención de cruzar la pista y subir por la ladera a las zonas más altas del valle.

Uno de los ejemplares tumbado a la sombra (9-1-2019)

Caminando ladera hacia arriba (9-1-2019)

La verdad que un lujo ver a los linces caminar así, tranquilos, lentos, con los balanceos de su cuerpo y pisando suave… Pendientes de lo que pasaba a su alrededor y sin hacer ningún ruido, como si de un fantasma se tratase…

Es espectacular verlos caminar mimetizándose con el paisaje, y sin duda se trata de un animal “único”, con unos movimientos muy pausados a la vez que elegantes.

Muy cercano, valle hacia abajo para acabar subiendo por la ladera (9-1-2019)

Es época de celo, y las hembras en general ya han abandonado a los cachorros del año… En cambio, se dan casos como este, en el que los pequeños aún siguen con la madre.

Mirando frente a frente, preciosa mirada la del “gato” (9-1-2019)

Tras este avistamiento y alejarse entre arbustos, se vio otro ejemplar en otra zona del valle… Entre matorrales asomaba la cabeza y se movía, tranquilo, esperando la hora de cazar algo para llevarse a la boca…

Aparecía y desaparecía, para quedarse allí al caer la noche, y esperar a los cantos del búho real, del mochuelo y del cárabo que con una buena serenata anunciaban la salida de la luna…

Ejemplar a última hora (9-1-2019)

Otro día con muy buenas observaciones… Una vez más, una auténtica gozada, y nuevas esperanzas para seguir disfrutando de este bello animal en peligro de extinción.

Sobre su status, tenemos que saber que además de estar en peligro de extinción, solo existe en el sur de la Península Ibérica, por lo que tenemos la suerte de tener una especie única en el mundo, y por ello tenemos la obligación de conservarla.

Se trata del más amenazado de los “gatos” (desde 1996 por la UICN es considerado el felino más amenazado del mundo), y de hecho a finales del siglo pasado, el lince rozó la extinción, con tan solo 92 ejemplares en el año 2002.

Es también un endemismo de la Península Ibérica, único, y que no debemos dejar morir… Para ello hay importantes programas de cría en cautividad, reintroducción, mejoras de hábitats, sueltas de conejos inmunes a diferentes enfermedades, mejoras de hábitats para conejos, programas “Life” para su conservación, estudios sobre movimientos del animal por vías satélite y gps… Así que son multitud de acciones las que se están realizando para su conservación, a pesar de que la lacra de los atropellos sigue ahí (probablemente el mayor problema del animal; en 2014 fueron 22 los atropellados, en 2015 fueron 15, 12 en 2016, 31 en 2017 por atropello y 9 por furtivismo, en 2018 fueron atropellados 29, haciendo un total de más de 100 ejemplares en los últimos 5 años), así que mientras este problema continúe, la población del animal mejorará (si es que lo hace) muy lentamente… A día de hoy ya van 15 ejemplares atropellados en este 2019 (como mínimo) y esta sigue siendo la mayor causa de mortandad en el animal… En resumen, mientras ha durado el Proyecto Life+Iberlince (de 2011 a 2018) han muerto 277 individuos (146 por atropellos y 40 por furtivismo… lo demás peleas entre linces, enfermedades…)

Tenemos que saber también, que esta especie según los últimos censos, está cerca de los 700 ejemplares (en 2012 eran 311) repartidos en Doñana y sus alrededores y Sierra Morena, a los que se suman lugares en los que se está realizando reintroducciones con animales de cría en cautividad de diferentes centros, como es el caso de Portugal, Extremadura, Castilla La Mancha, Montes de Toledo, Valle de Matachel-Ortiga en Badájoz y Guadalmellato y Guarrizas (en Andalucía).

Parece que poco a poco la población aumenta, con unos 700 (de las que unas 160 son hembras reproductoras), y pasando de la categoría de “peligro crítico” a “peligro”. Hay que ser optimista pero hay que tener cierta prudencia, ya que en 1989 la población se estimaba en 1100 ejemplares, y por ejemplo en 1900 estaba extendido por casi toda la Península Ibérica, por lo que aún queda mucho por mejorar.

Por todo ello es tan emocionante ver a este animal… Además de su belleza y la sutileza de sus movimientos, su status y la escasa población existente hace que sea un animal especial y que cada avistamiento sea excitante.

Y no solo es el animal en sí, si no que la zona desprende belleza por cada costado; tiene la magia de que en ella vive el rey de la dehesa, que puede aparecer en cualquier lado o bien tumbado, o bien corriendo tras un conejo… Y por ello, el estar de sol a sol, esperando y oteando por todo en busca de cualquier cosa que nos pueda llamar la atención, nos deja preciosas escenas…

Amanecer en la dehesa (15-1-2019)

Atardecer en Nuestra Señora de la Cabeza (13-11-2019)

Luna, que asoma entre la oscuridad (14-1-2019)

Y con estas preciosas imágenes que nos dejaba la caída del sol y la aparción de la luna, tras unas cuantas horas de oscuridad llegaba un nuevo día, en el que desde bien pronto se localizaba una pareja en una zona cercana a la de todos los días… Macho y hembra juntos todo el rato, descansando y moviéndose entre las matas.

Pareja tumbada… ¿se ve? (10-1-2019)

Como la mayoría de mamíferos, el lince se trata de un animal crepuscular y nocturno, pero que en invierno aumenta su actividad diurna. En estas fechas por el celo (diciembre-enero-febrero), es más fácil de observar, y eso hace que en tierras linceras nos juntemos aficionados a la observación de fauna para intentar disfrutar del “gran gato ibérico”. En otras épocas del año, debido al calor existente en estos bosques mediterráneos (hábitat donde se encuentra), pasa las horas del día descansando en las sombras y en el interior de matorrales, por lo que sus observaciones son mucho más complejas.

Por eso mismo tuve muchísima suerte durante el viaje y los animales se dejaban ver a plena luz del día, como la madre con su cachorro el día anterior, o esta pareja en pleno celo. Una vez más, una gozada.

En una roca, uno de los dos miembros que alegraban la mañana (10-1-2019)

La pareja andaba junta, bastante encelada, siguiéndose, pegando pequeños maullidos, pero sin mucho contacto físico, con el macho más dispuesto al tema que la hembra.

La pareja en las rocas (10-1-2019)

Uno mirando al otro (10-1-2019)

Normalmente, el lince es un animal solitario, marcando sus territorios por medio de orinas, arañazos en troncos y llegando a expulsar a otros individuos de la zona (tras buenas peleas) si es necesario.

Solo se juntan para la época de celo, como es el caso, que va más o menos desde mediados de diciembre a mediados de enero; por eso, estas fechas son las mejores para verlo, a pesar de que también es cierto que fines de semana y navidades nos juntamos allí mucha gente, y yo la verdad que prefiero estar con gente, pero algo más en familia como se suele decir… Las opciones de verlo lógicamente son menores, pero se agradece estar algo más tranquilo… Y es que, este turismo naturalístico de observación de fauna está en auge y cada vez va a más, por lo que seguramente haga falta mucha más sensibilización y algo más de legislación.

Así que en este celo, machos y hembras, con buenos maullidos se atraen y acaban por realizar una especie de juegos en los que se mezcla amor y agresividad, con carreras de uno tras otro, persecuciones, interacciones olfativas, agresiones de cabeza contra cabeza (llamados testarazos) e incluso pasan varias horas al día juntos intentando cazar, algo que en otra época del año es impensable, para acabar en una “violenta” cópula donde el amor se vuelve a mezclar con la violencia, ya que en este momento el macho suele morder fuertemente la garganta de la hembra, que con movimientos de cola arriba y abajo muestra su disponibilidad para la reproducción.

Algo que en esta ocasión tuve de nuevo la suerte de vivir unos días antes (el invierno anterior también vi cópulas), y que difícilmente olvidaré… Es una pasada ver como se ronronean y conquistan mutuamente…

Zarpazos, ya que la hembra estaba un poco arisca (10-1-2019)

El macho quería más de lo que la hembra le daba… jejejejeje (10-1-2019)

Tras la cópula (que en este caso no se dio), la hembra dará a luz a los cachorros en una especie de guarida llamada cubil, que estará en algún hueco de afloramiento rocoso, en huecos de árboles secos, e incluso hay citas de camadas en nidos abandonados de rapaces como águilas o buitres negros, y hasta cigüeñas. A veces, incluso crían en construcciones antiguas, como el caso de “Odrina”, una lincesa que esta primavera tuvo dos cachorros en el mismo pajar en el que ella misma había nacido dos años antes, fruto de “Mesta”, que había sido criada en un centro de cría y por ello pudiera haber elegido este pajar, abandonado pero en buen estado en Ciudad Real.

Los cachorros al nacer (a partir de marzo y abril tras una gestación de 65-72 días) y en camadas de entre 1 y 4 ejemplares (muy raramente 5), dependerán totalmente de la madre teniendo lactancia de hasta un mes, y conforme vayan creciendo irán adquiriendo el moteado del cuerpo, ya que al nacer son muy claritos y con los pinceles en las orejas y las barbas muy poco desarrollados. Durante los primeros meses seguirán todos a la hembra, hasta que en noviembre abandonarán ya a su madre, de forma que esta comenzará de nuevo el celo, para reproducirse un año más. A pesar de ello, hay veces que en diciembre-enero, al empezar la época de celo, el jovenzuelo sigue con la hembra, y tarda en separarse de ella, como el caso del ejemplar visto el día anterior…

Bajo una roca, uno de los ejemplares de la pareja (10-1-2019)

Y yo solo puedo decir, que de nuevo, estaba disfrutando de un espectáculo de la naturaleza ibérica, con dos ejemplares bastante cercanos, durante varias horas, ya que se localizaron poco después del amanecer, y estuvieron hasta bien pasado el mediodía…

Sobre una roca (10-1-2019)

Aunque en muchas ocasiones por el mimetismo de su pelaje parecía que desaparecían, allí seguían, en una zona semiabierta de matorral, donde se movían con delicadeza y tranquilidad y aparecían y desaparecían continuamente, siempre pendientes uno del otro, aunque con la hembra algo más esquiva y recelosa a la cópula.

Los linces son unos animales que se camuflan a la perfección (10-1-2019)

Muy escondido, difícil de ver… (10-1-2019)

Con esta pareja, nos dábamos por satisfechos, y se cerraba el día en lo que a felinos se refiere. La verdad que el viaje estaba mereciendo la pena, y estaba llenándose de buenos y variados avistamientos… Hembra con joven del año, pareja adulta en pleno celo muy cercana, una cópula lejana, un ejemplar alimentándose de carroña… Andújar, a base de horas nunca defrauda.

El día siguiente era mucho más tranquilo… Además tuve un problema con la batería, que tuve que arrancar con otro coche, y por ello me tocó “pistear”, para cargar batería, cargar teléfonos, bajar a por aprovisionamientos al pueblo y de esta manera recorrer otras zonas, para ver sobre todo mamíferos y aves, pero sin rastro del “gatito” durante una buena kilometrada…

Eso sí, al atardecer, ya casi de noche y sin apenas luz, se vio un lince pequeño, una cría nacida la primavera anterior, y que al parecer se había quedado muy chiquitina…

Ejemplar que al día siguiente nos daba los buenos días caminando por una de las pistas del lugar, cerca del mediodía, y ya con el sol en lo alto calentando. Al parecer una hembra, hermana del jovenzuelo que vimos un par de días antes y que ya se buscaba la vida sola a pesar de su pequeño tamaño. Curioso este individuo, que se veía mucho menor que los demás linces que se veían por la zona.

Caminando por la pista (12-1-2019)

Era sábado y había bastante gente, por lo que decidí cambiar de valle, e ir a otras zonas para estar más tranquilo… Ya había visto este ejemplar pequeño del que había oído hablar, así que tocaba visitar y escudriñar otras zonas en busca de otros ejemplares…

Y la verdad que acerté de pleno, ya que tuve mucha suerte y pude observar otra pareja, con mucha menos gente a mí alrededor, lo que hizo un avistamiento mucho más tranquilo.

Aparecía a lo lejos un ejemplar (12-1-2019)

Con una no muy buena luz por la posición del sol, pero dejando hacer una muy buena observación, apareció un animal a lo lejos dispuesto a cruzar la pista, en la dirección en la que yo estaba…

Algo en lo que hay que tener cuidado, y no hay que interferir. Hay que dejar que el animal siga su camino, respetarle y observarle desde una posición prudente, sin molestarle y dejándole pasar por donde tiene pensado… Tenemos que disfrutar de él, pero sin incomodarlo.

Caminando acercándose a la pista principal (12-1-2019)

Momento impresionante, en el que se mascaba la tensión, ya que el animal poco a poco se iba acercando. Se movió entre las rocas, caminando por la dehesa, como si el tiempo se parase, se acercó, y se detuvo en lo alto de una roca a descansar.

Tumbado, asomando solo parte de la cabeza (12-1-2019)

Tumbado, se le veía tranquilo, aunque andaba pendiente de todo lo que pasaba a su alrededor…

Vigilando desde lo alto (12-1-2019)

Precioso con sus elegantes barbas (12-1-2019)

Cambiaba de posturas continuamente. Se giraba, se erguía, se lamía, cerraba los ojos, parecía que medio dormía, se sentaba, miraba a sus alrededores… Tranquilo como si no estuviéramos nosotros allí, y pendiente de algo que todavía no habíamos visto…

Para levantarse (12-1-2019)

Y de esta forma, apareció un segundo ejemplar… Al parecer otro individuo había cruzado la pista viniendo del otro lado (por lo que nos dijo un coche que pasaba por allí justamente en ese mismo momento y al que se le debió cruzar), y se unía a este. Pareja en pleno celo también, de la que la presencia del segundo ejemplar nos había pasado totalmente desapercibida, ya que andábamos los allí presentes pendientes del primer lince.

La pareja en la roca (12-1-2019)

La mayoría de bicheros que había allí estaban en otra zona del valle, por lo que a esta pareja la pudimos disfrutar en familia, algo que hizo el avistamiento más interesante aún, ya que en muchas ocasiones son decenas y decenas de personas las que están presentes en la pista, y pierde un poco de emoción.

Precioso a pesar de la dura luz que pegaba ya en la zona…

La verdad que uno de los mejores días que he tenido por allí…

El dúo gatuno me hizo disfrutar de lo lindo. Bastante cercana, y a lo suyo, la pareja se buscaba el uno al otro… Dejándose ver y fotografiar a la perfección, viendo cada detalle de su morfología, caminado tranquilamente y pudiendo ser seguida bastante bien en una zona bastante abierta… Y es que, de normal, se meten en zonas de arbustos grandes (jaras, lentisco y pequeñas encinas) y son como fantasmas andantes, que aparecen y desaparecen, casi de forma mágica…

Pendiente de su pareja, uno de los ejemplares permanecía entre las rocas… (12-1-2019)

Y esta pareja, terminó por mirarse, y poco a poco abandonar la zona juntos…

Entre los grandes bloques de piedra, se buscaban con la mirada (12-1-2019)

Dejando muy buenas imágenes entre rocas, parecía que habían quedado a esa hora, para tras estar un rato juntos allí mirándose, irse a otra zona, siguiéndose el uno al otro, en una bonita conquista.

Despeñándose entre las rocas (12-1-2019)

La pareja junta, simepre pendiente uno del otro… (12-1-2019)

En este camino se esperaban el uno al otro, mientras poco a poco iban abriendo hueco con la pista principal, y por lo tanto con los que allí estábamos observándolos y disfrutando…

En la misma roca ambos ejemplares, uno arriba y otro abajo… (12-1-2019)

Preciosa las escenas que nos regalaron a pesar de que no era la mejor luz para la fotografía…

Tranquilo buscando la mirada cómplice de su compañero (12-1-2019)

Juntos… /(12-1-2019)

Y de esta forma se fueron enseñándonos los culos, con el macho tras la hembra, como podéis ver en la imagen, donde se aprecián las diferencias, ya que al macho se le ven los testículos bajo la cola.

Alejándose lenta y sutílmente… (12-1-2019)

Caminando y esperándose (12-1-2019)

Una preciosa sensación, con los pelos de punta y los nervios a flor de piel, por los momentos que está pareja nos había regalado… Mientras abandonaban la zona y se alejaban, tocaba sacar una buena sonrisa reviviendo cada momento que esta pareja de felinos nos habían dado durante más de una hora…

Perfecta forma de acabar el día, con uno de mis mejores avistamientos, y que ya anunciaba poco a poco que mi viaje se iba terminando, ya que ya llevaba unos cuantos días por allí…

Y aunque puede parecer imposible, a pesar de esta pedazo de observación, el día siguiente tampoco defraudó…

Varias fueron las observaciones, comenzando con el ejemplar pequeño que andaba por la zona, bajando por la ladera y perdiéndose entre los matorrales durante la mañana…

De nuevo la chiquitina (13-1-2019)

A modo de curiosidad, decir que el lince, recibe el nombre de “Linceo”, un personaje mitológico que era capaz de ver a través de los objetos. Como es lógico, este animal no es capaz de atravesar la materia con su vista, pero de esta forma nos podemos hacer una idea de la agudeza visual del animal, que es capaz de ver presas de tamaño muy reducido a decenas y decenas de metros…

Añadir que el lince ibérico comparte territorio con otras especies de carnívoros como el zorro, el gato montés, el meloncillo o la gineta, e indirectamente su presencia afecta a las poblaciones de conejo (su alimento principal) y a su número de efectivos positivamente, aunque pueda parecer raro….

La presencia del lince es positiva para el conejo. El lince mata en ocasiones, pero sobre todo desplaza a este tipo de depredadores ya citados, que son muy oportunistas, y que se aprovechan de los conejos, lo que hace que al desparecer depredadores, las poblaciones de conejos (o perdices por ejemplo) tengan pequeños aumentos por tener un menor número de depredadores.

Croquis de como afecta la presencia de lince en el ecositema… Desconozco la fuente

El que haya un solo depredador, aunque sea más fuerte y más grande, beneficia a los conejos, que de esta forma tienen un menor número de enemigos…

Volviendo al viaje, pasado el mediodía y tras cambiar de zona, mucha suerte de nuevo en el mismo lugar en el que se había visto la pareja el día anterior…

En las rocas posado, como había hecho unas cuantas horas antes (13-1-2019)

Además, haciendo prácticamente lo mismo que había hecho el día anterior… Caminar y tumbarse en la roca, para acabar cruzando la pista en dirección diferente, eso sí, a la dirección que había tomado el día anterior…

Y en solitario. Esta vez se trataba de un solo ejemplar, y no de una pareja. Pero todo no acababa aquí… A última hora de la tarde, ya con el sol cayendo, se veía otro ejemplar en otra zona del valle, que se localizaba tras unos maullidos y que se tumbaba entre las jaras y los lentiscos…

Descansando entre la vegetación (13-1-2019)

Igualmente, subía ladera arriba, como había pasado en días anteriores con otros gatos, y terminaba por despedir el día, que de nuevo había sido muy fructífero, con varios ejemplares, alguno de ellos observado a placer…

Caminando por el valle antes de perderse en la lejanía… (13-1-2019)

Y así llegaba ya mi final de viaje, con un par de esperas con poca cosa durante el día siguiente, hasta que a última hora de la tarde, se observó un gato comiéndose un conejo, del que nos advirtió su presencia un nutrido grupo de urracas…

Lince que acababa de comer (14-1-2019)

Gato que vimos durante muy poco tiempo, que se comió lo que parecía un conejo, y que abandonó la zona moviéndose entre arbustos…

Las urracas se quedaron allí buscando entre los restos que el lince había dejado (14-1-2019)

Y es que, en muchas ocasiones, son los córvidos los que nos avisan de la presencia del lince, como el caso de las picarazas (urracas) de la imagen anterior y que nos avisaron en esta ocasión…

Durante varias observaciones los rabilargos eran los que nos avisaban de la presencia del felino, y a los ciervos también se les ve pendientes e inquietos cuando hay un lince cerca…

Rabilargo ibérico, uno de los protagonistas del lugar (8-1-2019)

Como ya sabéis, el lince es un felino que basa su dieta principalmente en conejos, para los que se están haciendo mejoras con sueltas y habilitación de posibles madrigueras, ya que la mixomatosis, la hemorrágica vírica y la tularemia (sobre todo las dos primeras), son enfermedades que han hecho mucho daño en la población de conejo peninsular, matando a miles y miles de ejemplares (y parece que está afectando recientemente a las liebres), y que como no podía ser de otra forma ha afectado al lince indirectamente (el conejo es su mayor fuente de alimento), por la desaparición de clanes de conejos enteros, desapareciendo por completo de ciertos lugares, y disminuyendo en otros la población de una manera desastrosa.

Para los linces, la caza del conejo es algo que por esfuerzo físico (gasto energético) la recompensa le es ideal, ya que este tipo de presas tiene buen tamaño, pero como es lógico, en ocasiones tiene que tirar de otro tipo de fauna, como es el caso de pajarillos, perdices, roedores, reptiles e incluso corzos, muflones y otros pequeños cérvidos.

Para dar caza a sus presas, el lince se basa en el acecho. Su técnica es muy clara. Consiste en caminar y caminar por su territorio hasta que ve algo. De esta forma, cuando tiene una presa clara, se para, escucha, observa, y se prepara. Gracias a su mimético pelaje, se tumba en el suelo y poco a poco se va acercando a su presa. Una vez cercano y al alcance, comienza una persecución de unos pocos segundos de duración y escasos metros que suele acabar con un precioso salto del lince sobre su presa, a la que si abate, le da un mordisco en la yugular para acabar con su vida. Su fuerte tamaño y su musculoso cuerpo, hacen que pueda hacer esfuerzos, carreras cortas y buenos saltos, pero no está preparado para persecuciones largas, así que para su triunfo es muy importante el mimetismo con el medio, del que ya hemos hablado.

Y es que, cuando otra fauna advierte la presencia del lince, se altera, como es el caso de las perdices, muy abundantes en el lugar y que cantan a pleno pulmón cuando intuyen al “gato” ibérico por excelencia.

Perdiz cantando en lo alto de una roca… (15-1-2019)

Con todas las observaciones de lince ya descritas, decir también que Andújar es una zona impresionante para otros mamíferos…

Pareja de jabalíes (9-1-2019)

Las más abundantes son los ciervos, aunque también hay gamos y muflones, estos últimos más escasos y más complicados de ver, y algún grupo de cabras monteses (ya mostradas hace un rato)…

Y a base de horas, de observación y de atención, muy buen listado de aves con algunas especies muy interesantes.

Destacar buitre negro y el águila imperial ibérica entre las rapaces, con ratoneros, buitres leonados, aguiluchos laguneros (poco habituales por la zona pero que se pueden ver campeando), azores o el águila real…

El águila imperial ibérica, reina de los cielos en la zona, descansa sobre una encina (9-1-2019)

El águila imperial en su piedra culo, desde la que oteaba todo casi a diario (14-1-2019)

Y a las rapaces, unas cuantas aves completaron el viaje… Avefrías, zorzales charlos y tórtolas turcas en las zonas abiertas…

Avefría con los campos helados… (15-1-2019)

Siempre suele ser esquivo el mochuelo, la rapaz nocturna (aunque esta se trata de una especie que se ve bastante de día) más común y fácil de ver, que suele andar en los bloques de piedra, cantando durante todo el día (y alterándose también) con la presencia de linces cercanos…

Mochuelo en una roca (11-1-2019)

Interesantes los roqueros solitarios en las zonas de peñas, los pitos reales y picos picapinos en las zonas con arbolado, palomas torcaces en zonas abiertas, abubillas buscando con su largo pico insectos en el suelo, andarríos chicos en las pequeñas regatas que llevaban algo de agua, aviones roqueros dominando el cielo (sobre todo en los atardeceres), alcaudones reales en cables y postes, el siempre vistoso picogordo en zonas de matorral, chovas piquirrojas en zonas de peñas…

Roquero solitario (13-1-2019)

Y entre pajarillos, curruca cabecinegra, curruca rabilarga, petirrojos, mirlos, mosquiteros comunes, bisbitas pratenses, pinzones vulgares, verdecillos, verderones, jilgueros, pardillos, estorninos negros y pintos, trigueros, escribanos montesinos, colirrojos tizones, tarabillas comunes, mitos y lavanderas blancas.

Grupo de palomas en vuelo (12-1-2019)

Tras el listado de toda la fauna avistada durante este viaje, y para ir terminando, como ya sabéis, el lince está en grave peligro de extinción, y es curioso, ya que enemigos naturales tiene muy pocos (las grandes águilas o los lobos pueden matar y comerse cachorros, pero estos episodios no son para nada típicos en la vida del lince)… Así que ya podéis imaginar quien es el máximo culpable de esto.

Los venenos, los cepos ilegales, la caza furtiva (son varios los cazados este año, incluyendo una hembra con 4 cachorros), y la eliminación de su hábitat típico, que cada vez es más sustituido por repoblaciones forestales o infraestructuras humanas han causado mucho daño en la especie, al igual que los atropellos y las enfermedades de los conejos ya citados… Así que si queremos conservar esta silueta silenciosa, que aparece y desaparece como si de un fantasma se tratase entre los arbustos mediterráneos, queda mucho trabajo por hacer y mucha educación ambiental al respecto. Poco a poco vamos mejorando, pero aún queda mucho camino por andar, que hay que tener en cuenta, que si algún día este gran gato desaparece, habrá sido por nuestra culpa. Únicamente será culpa nuestra, y si desaparece, lo hará para no volver.

Pero bueno, tampoco me voy a poner pesimista, ya que parece que las poblaciones poco a poco van en aumento como ya he explicado antes.

Gato tumbado (12-1-2019)

Solo me queda dar las gracias a toda la gente que ha compartido momentos y anécdotas en este viaje gatuno… Un viaje que como siempre se hace corto, que ya hay ganas de repetir, y que nunca defrauda… Fue un lujo coincidir (y a muchos volver a ver) con Demetrio, Juan de Madrid, Alegría y Fernando de Zamora, José y César de Santander, Irineo y Olga, Robert, Marc con el que he estado varios años allí, mi buen amigo Fernando de Cuenca, Óscar, navarro que veo de vez en cuando más allí que aquí, los vascos Carmen y Ricardo; Pedro, Carlos y Emilio de Salamanca, y Óscar, Raúl y Juanjo de Aragón, Gerardo de El Bierzo, David de Granada, Gabi autor de un libro sobre el lince, Antoine, un francés que colabora en proyectos con el quebrantahuesos, y muchos otros… Nos vemos este invierno, que el celo del gato se acerca!!!!!!

Sierra de Andújar, nunca defrauda(15-1-2019)

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Revista EZKABA (Octubre 2019) Mamíferos I; RATA DE AGUA

A VISTA DE PÁJAROS

Volvemos tras el verano, y hoy vamos con una especie especial… Este curso vamos a ir con los mamíferos, y hoy va un animal, declarado como “Vulnerable” por la legislación y en un claro descenso poblacional… La rata de agua, un roedor que nada tiene que ver con las ratas de alcantarilla que asociamos a basura y suciedad.

MAMÍFEROS I

Rata de agua; Mendebaldeko ur-arratoia (Arvicola sapidus): De mediano tamaño y de aspecto robusto y rechoncho, pesa entre 150 y 300 gramos. Su cuerpo mide unos 20 centímetros y la cola, bicolor, parda oscura por encima y más clara por debajo, mide unos 15 centímetros. El pelaje es espeso, denso y corto (adaptado al agua y el buceo), marrón oscuro sobre la espalda, y gris por el vientre, aunque varía según el lugar y según cada individuo, con tonos más rojizos o más ocres, con coloraciones más o menos oscuras. Su cabeza es redondeada y bastante achatada en el morro, con unos largos bigotes y unos pequeños y redondeados ojos negros (que no le aportan muy buena vista), recordando más a un topillo grande que a una rata, con unas orejas bastante pequeñas.

Rata de agua comiendo (18-7-2019)

Como su nombre indica, está relacionada con medios acuáticos (de aguas lentas sobre todo), con vegetación herbácea y de matorral en las orillas donde pueda esconderse, y suelos frescos y húmedos donde pueda hacer agujeros. Ríos, arroyos, regatas, lagos, pantanos, deltas, acequias de riego…

Se trata de un animal herbívoro, que se alimenta de tallos, hojas y raíces, sobre todo de plantas acuáticas, pero también puede comer algún animal acuático (insectos, alevines de peces, anfibios e incluso huevos…), y como curiosidad, es capaz incluso de comer bajo el agua.

Asomando la cabezita (17-7-2019)

La rata de agua se trata de un animal muy social, que vive en pequeñas colonias en madrigueras (por ello necesitan suelos terrosos) que ella misma excava, no muy profundas y que consta de varias entradas tanto dentro como fuera del agua.

Saber que es una especie endémica del extremo suroccidental de Europa y está presente en la Península Ibérica y gran parte de Francia. En Navarra se puede encontrar tanto en el norte, como en el sur (evitando las zonas altas de los Pirineos), y en Pamplona se localiza como es lógico en el río Arga y en algunos estanques de los grandes parques y jardines.

Nos vemos en obligación de conservar la especie, ya que está en la Lista Roja del UICN catalogada como “vulnerable” y en una fuerte regresión debida sobre todo a una reducción o pérdida de calidad de hábitat (vertidos, dragados, canalizaciones, desbroces, raticidas…), la persecución humana a este tipo de animales, y al efecto de especies exóticas introducidas (el visón americano y varios peces son depredadores sobre todo).

Rata de agua nadando (17-7-2019)

Importante no confundir a la rata de agua con otras especies de ratas, que si están catalogadas como “plaga” y si que pueden realizar ciertos daños, muy asociadas a alcantarillas, suciedad, basura y depredación de otra fauna… La de agua es más castaña, con la oreja que sobresale menos del pelaje, no alcanza dimensiones tan grandes, y aunque suene raro, de aspecto más “agradable” y simpático.

Para leer la revista completa: https://issuu.com/ezkabarotxapea/docs/ezkaba_octubre_2019_baja

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Para txikis XXXIX; zorzal charlo, alondra y cárabo

Volvemos a la carga con esta sección, en la que poco a poco se nos van acabando los pajarillos de nuestra ciudad… Mientras tanto, seguimos dando guerra, y enseñamos alguno de los que nos queda, para que los más pequeños sigan aprendiendo poco a poco… Espero que os guste!

Zorzal charlo; Garraztarro (Turdus viscivorus):

Descripción: El más grande de los zorzales ibéricos, es de colores pardos por encima, y claro, listado de negro en su pecho y vientre. En su cara combina colores grises, blancos y negros con pequeños punteados y moteados.

Alimentación: Con fuerte predilección por los frutos de muérdago, además de de otros frutos y semillas, se alimenta de buena variedad de insectos e invertebrados, como escarabajos, gusanos, lombrices, caracoles…

Hábitat: Poco exigente para vivir, habita bosques, dehesas, zonas de praderas y matorral, y zonas de bosques de ribera, aunque es más fácil de ver en la alta montaña.

Época del año y zona de Pamplona para verla: Se trata de un ave que en inviernos duros se puede ver en nuestra ciudad, sobre todo en las zonas abiertas de los caballos de Goñi o universidades, donde busca alimento en las zonas de pradera y jardín.

Zorzal charlo – Garraztarro

Alondra común; Hegatxabal arrunt (Alauda arvensis):

Descripción: La alondra es un ave más bien pequeña, discreta de colores, de tonos claro por abajo, y parda por encima, con listas oscuras por todo su cuerpo. Posee una cresta pequeña, y es capaz de revolotear a mucha altura como si de una mariposa se tratase.

Alimentación: Ave variopinta en su alimentación, ya que lo mismo come pequeños insectos, que semillas y brotes de vegetación.

Hábitat: Es una especie de zonas abiertas y secas, habitando zonas de cultivo, zonas de pastos y terrenos con matorral, preferentemente de baja altura.

Época del año y zona de Pamplona para verla: Se trata de un ave muy rara en nuestra ciudad, pero que se puede observar en las zonas abiertas cercanas al monte Ezkaba, y en la zona de campos de la antigua serrería de la Magdalena, al igual que en los campos de cultivo cercanos a las universidades o Mutilva.

Alondra común – Hegatxabal arrunta

Cárabo común; Urubi (Strix aluco):

Descripción: Ave de mucha variabilidad en sus colores, desde todo tipo de pardos a grises, con punteados, listados, barreados y moteados por todo su cuerpo. De aspecto rechoncho llama la atención su gran cabeza, con cara blanquecina y unos grandes ojos negros.

Alimentación: El cárabo se alimenta de micromamíferos de todo tipo, insectos, reptiles y pequeños pajarillos.

Hábitat: El cárabo es una rapaz nocturna, principalmente forestal, que anida en huecos de árboles. Se adapta a cualquier tipo de bosques, desde los más cerrados a los más abiertos, tipo dehesas o bosques de ribera. Además se le puede encontrar en edificios con huecos, como pueden ser murallas o campanarios de iglesias.

Época del año y zona de Pamplona para verla: Es una rapaz rara en Pamplona, pero de las que alguna pareja cría en los bosques de alrededor de la ciudad, y que aprovechan las zonas abiertas de Iruña para cazar.

Cárabo común – Urubi

Y como siempre, aquí van en blanco y negro, para que sigáis dándole color a vuestro gusto!

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Coágulos en el río; presas, historia y patrimonio

Hoy voy con un escrito especial, escrito de mi buen amigo Gaizka Aranguren, especialista en Patrimonio Inmaterial y comunicación ambiental, pescador y periodista, y en el que volvemos a tratar el tema de las presas en los ríos, en el contexto de la presa de Santa Engracia, donde ya hay un informe negativo de Gobierno de Navarra en cuanto a su reparación se refiere.

La competencia para la reparación de esta presa la tiene la CHE (Confederación Hidrográfica del Ebro), pero con este informe se vuelve a mover el tema, ya que el partido político que manda en Pamplona, parece que está convencido de repararla a pesar de este informe… Mientras este culebrón sigue, os dejo con este interesante escrito que aclara muchas cosas:

El valor histórico y patrimonial, material e inmaterial, se ha convertido en el último recurso dialéctico de las personas que, con toda su buena voluntad, defienden el mantenimiento de presas y azudes en el cauce de los ríos ante la evidencia científica sobre las afecciones que generan a la dinámica fluvial y al conjunto de especies animales y vegetales que forman parte de ese ecosistema.

No pretendemos aquí incidir en los aspectos científicos y técnicos que ya han sido expuestos en sucesivos artículos, cartas de opinión, informes y expedientes administrativos relacionados con diferentes casos, entre ellos el de Santa Engracia.

Difícilmente encontraremos hoy un solo texto científico defendiendo la pervivencia de barreras artificiales en desuso al libre discurrir del agua y de los ríos. A eso debemos añadir que las técnicas y técnicos especialistas en la materia, también las de nuestra propia administración foral, han sido taxativas cada vez que se les ha consultado. La última vez, precisamente, informando negativamente sobre la reconstrucción de la presa de Santa Engracia.

Presas, Historia y Patrimonio Material

Los argumentos históricos y patrimoniales en defensa del mantenimiento de las presas en desuso tienden a considerar como valores a preservar, por encima de cualquier otra consideración, la antigüedad de la construcción, el ingenio de nuestros antepasados e incluso la belleza de dichas obras.

No cabe duda de que el agua embalsada por las presas y en parte canalizada posibilitó desde muy antiguo la molienda de grano para la alimentación, el riego, la generación de energía eléctrica y otros usos industriales dependiendo de la época y el lugar. Así, hay quien considera que su conservación íntegra es el mejor reconocimiento a su valor patrimonial.

Sin embargo, esa postura ignora, consciente o inconscientemente, no solo la afección que cada una de esas presas tiene para el río y sus habitantes, sino que, históricamente, las presas se han ido construyendo una detrás de otra sin que la falta de uso llevase a derruir ninguna de ellas, con lo que los obstáculos se han acumulado multiplicando la afección con el paso del tiempo.

El valor histórico y patrimonial de una obra humana que sabemos a ciencia cierta genera un impacto ambiental de estas proporciones debe ser cuestionado en profundidad. Quizás haya casos en los que dicho valor sea de una enjundia tal que merezca la pena conservar una pequeña parte de la obra allí donde menos afecte al discurrir del agua y más pueda visualizarse por las personas, con el tratamiento comunicativo y la señalética correspondiente; pero tratar de mantener la integridad de la obra significa que con esa línea se argumenta que las primeras carreteras merecerán en su día un tratamiento similar; algo que, seguramente, se nos antoja menos atractivo, pero que responderá al mismo criterio de conservación de una afección al medio natural por su supuesto valor histórico y/o patrimonial.

Cada caso merecerá su correspondiente análisis, pero hemos de tener siempre en consideración que con los azudes y presas estamos poniendo en competencia un discutible patrimonio histórico y material con un entorno natural que, dependiendo de su ubicación, tendrá un mayor o menor, pero indiscutible valor ambiental.

Puente de Oblatas y puente de Santa Engracia (28-2-2018)

Presas y Patrimonio Inmaterial

Quien suscribe es muy consciente de la importancia que tienen los espacios generados por las presas para las vecinas y vecinos ribereños. Cualquier caída de agua genera en el ser humano sensación de placer y el agua embalsada en la parte superior o inferior de las presas se convierte en verano en lugar lúdico ideal, en zona de disfrute. Las presas cercanas a las poblaciones son sinónimo de vacaciones, de juego, de risas; son el lugar en el que aprendimos a nadar, donde nos refrescamos y donde compartimos espacio y tiempo con la familia, con las amigas y vecinas.

Hay presas que, junto con su entorno, han adquirido carácter de lugar identitario. Se han llegado a convertir en la foto por antonomasia de la localidad. El lugar más visitado por los foráneos. Icono del municipio.

Quienes hemos vivido esas sensaciones en torno a las presas somos conscientes de la importancia que tienen en nuestro imaginario.

Sin embargo, mientras disfrutábamos del agua en la poza de la presa o destrozábamos el bañador al hacer resbalar nuestro culo por su puerto, nunca fuimos conscientes de hasta qué punto aquello condicionaba la vida del río y sus habitantes; la vida de los peces, de animales y plantas que precisan de un ecosistema saludable para vivir, no para pasar un buen rato. Mientras aprendíamos a nadar o saltábamos de cabeza al agua jamás pensamos en que las truchas no podían superar aquel obstáculo para buscar los mejores frezaderos. Nunca se nos ocurrió que la presa condicionaba la vida de madrillas, chipas y barbos, que impedía el trasiego de sedimentos de todo tipo o que facilitaba el calentamiento del agua al ralentizar su discurrir. No sabíamos que el río es un ser vivo complejo cuya dinámica natural se ve interrumpida por los obstáculos al libre fluir del agua.

Madrilla en el Arga; Xabier Egúrcegui

No éramos conscientes, por desconocimiento, del daño que le hacíamos al río. Ahora lo somos. O deberíamos serlo. Y desde esa consciencia, con todos los elementos de juicio, hemos de volver a analizar y revisar nuestra consideración sobre las presas como lugares de la alegría y de la identidad. Son algo más turbio que eso.

Permítaseme la metáfora ¿Algún médico ha tildado de “estético” un coágulo en una arteria? ¿Alguien desea preservar un coágulo en la femoral por el tiempo que lleva allí, por su carácter histórico?

Coágulos en las venas

“Los ríos son como las venas de nuestro cuerpo, como las ramas del árbol…” Son palabras de Javier Fabo, marcillés sensibilizado con la calidad ambiental de su vecino, el río Aragón. Y es que eso son precisamente los ríos. Su importancia para el medio natural es similar a la de las venas que recorren nuestro cuerpo. Transportan elementos esenciales para la vida y son vida en sí mismos.

Esa misma metáfora nos indica que una presa, un azud, un obstáculo que no permite que el agua, los peces y los sedimentos corran no es sino un coágulo en esa vena de la vida.

Ya hemos apuntado que las presas posibilitaron en su día el desarrollo humano con los usos que se les dio. Lo que no tiene sentido es que las mantengamos, una vez abandonadas, con argumentos históricos, patrimoniales, estéticos o lúdico-identitarios poco razonados y nada contrapesados con las afecciones que generan.

Hoy sabemos también que las escalas para peces, en el caso de que se mantengan convenientemente y de que la propia dinámica del río no las haga inservibles, suponen un petacho caro, provisional y parcial a la migración piscícola. Mejor que nada, desde luego, pero un petacho.

Cuantos más coágulos le quitemos al río mejor circulación tendrá y más sano estará.

La corriente mundial

El movimiento internacional en favor de la demolición de presas está en auge a nivel mundial. Conservacionistas, pescadores, defensoras de la biodiversidad y de la calidad ambiental de los ríos se vienen organizando en todo el mundo para crear un frente común en favor de aumentar la permeabilidad de los cursos fluviales mediante el derribo de las presas en desuso.

Garza en el hueco que la presa de Santa Engracia ha dejado (5-7-2018)

La comunidad internacional y la Unión Europea en particular siguen redactando normas y recomendaciones promoviendo recuperar la continuidad longitudinal de los ríos. Es hacia donde se mueve la legislación ambiental como consecuencia de los avances científicos que han permitido hacer ver el resultado de la inacción con las presas y azudes abandonados.

En este sentido, quien califica de “fanáticas” a las personas y organizaciones que expresan su opinión sobre la fragmentación de los ríos en el mismo sentido que la Directiva Marco del Agua europea está tildando de fanática la política europea al respecto.

Movimientos internacionales como #FishMigration (a favor de recuperar la migración piscícola) y #DamRemoval (a favor de la demolición de presas) son corrientes de opinión y presión surgidas precisamente de la toma de conciencia de buena parte de la población mundial ante la necesidad de llevar a la práctica lo que la ciencia y el sentido común han demostrado: un río sin presas es más sano y natural que uno fragmentado.

Santa Engracia

La presa de Santa Engracia se ha convertido en símbolo de este debate en nuestro entorno cercano. Una presa que data, muy probablemente, del siglo XIII y que, con toda seguridad, tuvo un muy importante papel en la Pamplona de entonces y en la de los siglos posteriores.

Rotura de la presa (22-3-2018)

A cualquiera que haya bajado, mirado y tocado el corazón de la presa después de que el río Arga le abriese una grieta en el invierno de 2018, no le cabe duda de su larga historia. A cualquier pamplonés o pamplonesa le remueve el interior tocar unos clavos con los que quizás un antepasado suyo unió aquellas maderas para construir la presa hace 800 años y posibilitarse una mejor vida. Ese gusanillo mira a la cara de una certeza: la desaparición de ese obstáculo hoy es la mejor aportación a una mejor vida en la ciudad. Mejor vida para las personas, para los peces, para los animales y las plantas; es decir, para toda hija de vecina del Arga.

Es evidente que el Arga a su paso por Pamplona no tiene hoy el mismo valor ambiental que en su cabecera, en los montes Alduides. Lo hemos canalizado y hemos ocupado su territorio; pero dejar que recupere, en la medida de lo posible, su forma natural en el ámbito urbano tiene un valor ambiental muy especial.

Como pescador y amante de los ríos en general, quien suscribe no puede por menos que echarse las manos a la cabeza al leer a algunos pescadores con responsabilidad en estructuras representativas hablar de las “bondades” de una presa para la práctica de la pesca ¿Cómo es posible que un pescador piense en la adecuación del entorno natural a su comodidad en lugar de amoldarse él a las condiciones ambientales? ¿Qué tipo de pescador piensa que un coágulo en el río es una zona de refugio para los peces en lugar de un obstáculo para su migración natural?

Desde que expiró su concesión para uso industrial y hasta que el propio Arga se volvió a hacer paso abriéndole una grieta, las aguas embalsadas por la presa de Santa Engracia han tenido uso lúdico y deportivo por parte del Club Náutico de Navarra. Sus integrantes han practicado su deporte favorito en ese tramo del río hasta 2018. Ahora no pueden porque las aguas corren libres y de forma natural por Santa Engracia. Nos corresponde a todas las contribuyentes pamplonesas, mediante nuestras legítimas representantes municipales, determinar como debemos ayudar al Club Náutico de Navarra a buscar una alternativa para seguir practicando el remo. Una solución que jamás puede pasar por reconstruir la herida al río, que se ha liberado a sí mismo tras 800 años de servicios a sus vecinas y vecinos.

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